domingo, septiembre 27, 2009

Los pechos de Ciclamato

Ciclamato, de profesión apedreador, tenía un corazón que no le cabía en el pecho. También tenía otro corazón más pequeño que se compró en Acapulco, que era el que se ponía para salir todos los días. En ocasiones, para ir más ligero, no se ponía ninguno (no exageren, es como quien sale a la calle sin calzoncillos de lana). Esto resultaba descorazonador para sus amistades, quienes esos días le reprochaban su falta de tacto y mala fe. En resumen, le acusaban de no tener corazón. Ciclamato les daba la razón de corazón (digamos que les daba la co-razón) mientras ofendía gravemente a sus familias y a sus razas. Y también hablaba mal de usted, no se crea.

Un día que Ciclamato salió sin corazón, ofendió profundamente a un cliente tras el apedreamiento, quien tuvo un arrebato de asedio. Ciclamato le deseó que se empeorara de su leve dolencia, y no pasó de ahí la cosa, hasta que dos minutos después sí pasó y decidieron solucionar el entuerto al alba a base de guantazos o cabezazos. Ciclamato confesó preferir los guantazos, porque los cabezazos le producían algo de jaqueca y, en ocasiones, ceguera. Esto provocó que el cliente se echara atrás y se callara al suelo todo tiesto. Murió en el acto, igual que Ciclamato, que casualmente había muerto de viejo un segundo antes que su rival.

¡Pobre Ciclamato, justamente cuando el día antes había encontrado dos pechos de alquiler para meter su corazón grande, y dispuesto como estaba a decirle a su suegra que quería una hija suya usando una simpática rima!

martes, julio 07, 2009

Jugo

De la vida de Jilimerto, de profesión bicéfalo, solo diremos que tuvo una semana de angustia cuando estuvieron a punto de retirar del supermercado su "Jugo de naranga con vulva" debido a una errata en el envase.

lunes, marzo 30, 2009

Aviso palo palo palo

¡Que nadie se alarme!

El Mono se Eleva está de mudanza. Yo mismo estoy trasladando la mecedora y la mesa camilla a pulso.

Dentro de poco tendremos más espacio, los demás blogs nos envidiarán y seremos más felices.

Para hacer boca y mano, les dejo un relato corto:

Geranio amaba la prensa. No solo la compraba y leía, sino que además vivía dentro de una. Por este motivo, Geranio, prensado, medía un metro diez, hasta que un día, harto de estrecheces y harto de vino, salió de la prensa en que vivía y se pegó el estirón. Se estiró con tanta fuerza que quedó partido en dos. Pero Geranio siempre fue un optimista y, lejos de desanimarse, se pluriempleó; hoy su mitad inferior se dedica a probar bicicletas estáticas, mientras que la mitad superior ha montado un restaurante que no disfruta de mucho éxito. Probablemente quebrará y morirá, así que yo de ustedes no compraría una bicicleta hasta asegurarme de que medio Geranio ha sido reemplazado.

Pronto tendrán más. Lo dice Gavanido.

lunes, enero 19, 2009

Al calor del boniato

Adagio ruin, tenía una rara obsesión por el suicidio. Le gustaban las cosas con sabor a cuchilla y hallaba el placer chupando polvo hasta la asfixia. En cada quicio de las puertas de su obesa casa victoriana del siglo dieciséis, sobresalían mástiles con sogas casualmente anudadas con nudos estranguladores. Éstas reaccionaban automáticamente cuando una mosca se dignaba a pasar a través de ellas, ahogándolas hasta la casi muerte y soltándolas en el último momento a modo de reprimenda. En la cocina Adagio había cavado un barranco para tirarse por él, con la mala suerte de que cuando lo terminó se halló abajo, y no encontró la forma de hacerlo. Perdido en el subsuelo del hogar, trató de pedir auxilio en diversos idiomas, ya que hablaba perfectamente el astrohúngaro y el rumano, a pesar de que su lengua materna era de carne. No tuvo éxito y, pasados dos días y dos metros, Adagio apareció en el infierno muerto de hambre. Allí se topó con la raíz de un boniato milenario, de la cual comió hasta su resurrección. Pero no se alegren demasiado; resucitado y gordo, el cuello de su camisa se le dió de no un día trece, acabando con la traumática vida de Adagio para siempre, en lo que fue el segundo suicidio involuntario de la historia conocida.

miércoles, enero 07, 2009

Saxo en la azotea

Su nombre era Apapucio. Era músico, y además tenía la habilidad de tocar el saxo tenor con gran acierto, posando siempre todos sus dedos únicamente en las notas que sonaban bien. De joven mostró un breve interés por la música, siendo pianista de cine mudo unos treinta y tres años de su vida. Su padre se quedó obsoleto como tal en plena pubertad, y por eso Apapucio se maleducó y adoptó por costumbre tocar el saxo tenor en su azotea hasta altas horas de la madrugada. Su vecina, Hartita, puso una noche el grito en el cielo atándolo a un globo de helio, y juró que de mayor quería ser señora. Apapucio y su mala educación siempre desoyeron sus quejas, y continuaron haciendo lo que les apetujo durante años. Como el tiempo en esta historia carece de importancia, pasaron siete siglos, y la vecina de Apapucio comenzó a hallar el placer en las bellas melodías de su saxo. Antes de que el relato se torne erótico y se parezca a lo que no es, diremos que Hartita carecía de brazos, así que jamás pudo tocarse de la extraña manera en que usted está pensando, ¡Degenerado! No obstante, se frotaba contra una palmera. El misterio de cómo sin brazos habría colgado las sábanas Hartita no hizo mella en Apapucio, pero sí por lo menos en cien tíficos que pasaban casualmente por allí y estuvieron años estudiando dicho fenómeno. La historia de amor no se hizo esperar. Uno de los tíficos, engatusado por las melodías de Apapucio, se colocó su calvuca postiza y se lanzó a la azotea norte de éste para tratar de conquistarle con bellos cálculos y ecuaciones sin resolver. No obtuvo éxito, pues el pobre tífico no se percató de que no era posible saltar a una azotea desde un bajo, estampanándose sin remedio contra el canto de una alcantarilla, y muriendo en el acto en el acto de saltar. Hartita y los noventaynueve tíficos restantes viven ahora juntos, unidos por la desgracia en el piso de treinta metros cuadrados preparado para tal efecto por ella misma. Apapucio, mientras, toca su saxo para ellos religiosamente, noche tras noche, desde su azotea.

miércoles, diciembre 24, 2008

Repetimos pavo

Gavanido abre su mueble y dentro aparece un bar. Gavanido saca una botella y la desprecinta. Gavanido se sirve de una copa, y luego les sirve otras a todos ustedes. Reacciona a tiempo y se da cuenta de que ha descorchado una botella de rica lejía (Gran Reserva). Optimista, decide sacar unos estropajos y una mopa, y felizmente se pone a cocinarlas, junto al rico pollo relleno de navidades -repleto de días 25-. Mientras se dedica a sus quehaceres, Gavanido alza la cabeza y asiente: Sí. Otro año sin Gordo de la lotería. Habrá que plantearse comprar algún décimo, o invitar al propio Gordo a comer.
Al menos viene Familia a verme, y me cocinará gratis. Familia siempre fue un cocinillas. Espero dorarme y no quedar salado.
Y es que Gavanido, a veces, repite.

FELIZ GAVANIDAD

viernes, diciembre 19, 2008

Riguroso estudio científico

Tras muchos años de investigaciones minuciosas y costosísimos experimentos, unos científicos de Alcorcón, provincia de La Amazonia, descubrieron que la mayoría de los obesos padecen sobrepeso. Esto les llevó a analizar el por qué de su obesidad y, tras millones de dineros invertidos en el proyecto y exactamente doce años de duro trabajo, hallaron que todos ellos eran gordos. Esto, que a simple vista podría parecer una tontería, lo es. Pero hoy es Martes. ¿Puede creerlo?

martes, noviembre 04, 2008

¡Quietos! ¡Parados!

Aventajosa Pepónez pasó treintaycientos años de su vida empleándose como vendedora de caspa para hombro en la misma calle donde vivía. Nunca tuvo mayores altercados y en sus 65 años de profesión tan sólo fue atracada en una ocasión, matando al agresor hasta tres veces en la misma mañana. Desde el balcón, su familia le arengaba con arengues en las ventas más importantes. Así, de este modo, Aventajosa se hizo un nombre en el mundo de la venta de caspa para hombro ambulante. Grandes aristócratas acudían a ella para lucir sus bellos hombros cubiertos de tan deseado compuesto. Los falsificadores de caspa no se hicieron esperar y, pronto, Aventajosa se vio rodeada de personajillos sin escrúpulos que se dedicaban a rallar diamantes y piedras preciosas tratando de imitar sin éxito su suculenta caspa para hombro. Aventajosa no pudo luchar contra los precios de la competencia, ya que éstos eran campeones olímpicos, y poco a poco vio cómo sus sueños se iban a pique y sin batiscafo. Pero entonces llegó un otoño lluvioso, y la lluvia arrasó a la falsa caspa, borrándola de todo hombro vivo. La falsa caspa resbalaba por los brazos de la gente, comenzando así una carrera vertiginosa que atravesaba calles, alcantarillas, riachuelos y desembocaba por fin en el mar. Las olas se encargaron del resto, haciendo que todas las costas de todas las playas del mundo se poblasen de hojuelas y falsa piel muerta, transformando la arena en una mezcla de pitiriasis rocosa y devaluando hasta la gratuidad toda la caspa del planeta. Aventajosa y sus falsificadores de caspa para hombro y mujer continúan hoy por hoy en paro desconocido.

viernes, octubre 10, 2008

¡Aprisa, un abrazo!

Gargajón y Meancio fueron amigos desde los cincuenta y tres años. Hasta entonces, tan solo habían sido hermanos inseparables. Ambos se querían y respetaban entre ellos como buenos amigos, pero también se tenían endivia y se miraban despectivamente, como algunos buenos hermanos. En el fondo, no sabían hacer vida separados. Prueba de ello es que las ausencias de Gargajón coincidían siempre con el aburrimiento de Meancio y viceversa.
Una terrible mañana de febrero, la ausencia de Meancio decidió darse a la buena vida y comenzó a comer en restaurantes de lujo, dándose festines cada noche y engordando día tras día. Tanto engordó, que las ausencias de Meancio en la vida de Gargajón comenzarón también a crecer. Gargajón no aguantaba más, y amenazó con quedarse calvo como la situación no cambiara. Meancio, sin motivo aparente, desoyó dichas amenazas y puso en jaque al Universo yéndose a Plutón, y separándose aún más de la vida de su hermigo. Quizá fue el destino el que hizo que jamás tuvieran contacto, o quizá no.
Pero los lazos de la amistad eran fuertes y cuando Gargajón se encontraba tomandose la vida con calma y la muerte con presura, Meancio hizo un sofrito de orgullo y se lo zampó, acudiendo en busca de Gargajón antes de su fallecimiento. Los médicos le habían dado dos días de vida. Un lunes y un miércoles, para ser exactos. El azar, la torpeza o el torpe azar quiso que Meancio acudiera un martes, con lo que encontró a su hermigo ya fallecido. El miércoles, una vez resucitado, Gargajón, en su último día de vida, confesó a sus más allegados, -el portero y su sobrijo- lo mucho que echaba de menos a Meancio, y pidió que, por favor, lo matasen de su parte para reencontrarse por fin en la luz que había al final del túnel. El portero, obediente, asesinó a Meancio tirándole de un padrastro hasta pelarlo. Meancio aceptó encantado dicha muerte y murió. Acudió al encuentro a las cinco menos diez, como Gargajón le había indicado al portero y allí, juntos al final del túnel, prometieron no separarse jamás. A los cinco minutos y cegados por la luz, dicha promesa se rompió, chocando el primero contra un fregado y el segundo tropezando con un vado permanente. Jamás se encontraron.

domingo, septiembre 28, 2008

Parto raro en la isla

Se compró un par de tijeras, dos hachas aleación de platino, cuatro cuchillos jamoneros, dos martillos y, por fin, el día de su aniversario, Anapurno rompió con su vida a martillazos, hachazos y cuchilladas -devolvió las tijeras por no cortar bien-. Se deshizo de ella y se fue a vivir a otro lugar. Eligió un pequeño islote al este, o al oeste de otro sitio, donde habitaba una rara población.
En su nueva vida, Anapurno creció como persona, sabiendo convivir con la soledad, la rara población y la rutina del día día. Por las mañanas se dedicaba a depositar sonotones por las barandillas de su ciudad y a colgarlos por los árboles de los parques. Entrada la tarde, los recogía y en su casa extraía de ellos los sonidos que había pescado durante el día. Con ellos componía bellas melodías que describían perfectamente cómo evolucionaba su vida en la isla y se las enviaba por correo postal a su familia en la otra vida. Su familia nunca pudo escuchar ninguna melodía en ninguna de sus cartas, ya que todos habían aprendido a dejar de oír en un curso a distancia avanzado -pagado por el Gobierno para tal efecto-.
Anapurno, feliz y en su mayor plenitud conocida, parió por sí mismo un precioso bebé. Tenía la cabecita redonda y sabía a pequeño, así que decidió llamarlo Lenteja. Anapurno y Lenteja fueron felices muchos años, incluso cuando Anapurno retozó sonriente en su lecho de muerte. Aquél día, Lenteja, más sola que nunca, decidió romper con su vida con unas tijeras bien afiladas, y empezó su nueva etapa en un cacho de tierra al oeste, o al este de otro sitio. Apátrida y sin ley, vivió dos años más, sola como un torrezno -un torrezno solitario- y finalmente murió en una cazuela con algún trozo de chorizo, patata, cebolla y dos hojas de laurel.

miércoles, septiembre 17, 2008

La burbuja de Zapato

Zapato era un gusano que vivía en una patata de nombre Tomate. Llevaba ahorrando para llegar a pobre desde 1971. El día de su jubilación, tras un raro terremato, Zapoto observó que le faltaba medio cuerpo y medio Tomate. Después, todo se volvió oscuro y días después murió de muerte natural o triturado entre la negra inmundicia, sin entender nada y medio pobre. Esta historia, que a usted le puede parecer inquietante, sorprendente y mal escrita, sucede miles de veces cada día. ¡Y ojalá que no vivamos todos en una gran patata gigante y proverbial! ¿Se imagina?

martes, mayo 20, 2008

¡¡¡Juegue con Gavanido y gane un fabuloso!!!

Debido al pronto aniversario de este humilde y soberbio blog, quiero premiarles con el famoso concurso:

¿Se acuerdan de Gavanido a todas horas?

Primera entrega.

1-¿Sabría decirme en cuántas ocasiones he hablado del famoso Traposaurio?

2-¿Qué cosa relacionada con el pie ilustraba la historia de un personaje cuyo nombre empezaba por Susmuertos y terminaba por Capaz?

3-¿Con quién acabó casándose Nolasco? ¿Y Velasco? ¿Y Delasco? ¿Y usted?

4-¿Cuántos lujosos coches tuvo Placenta? Nombres.

5-Si usted, tras mucho buscarse, se encontrase en Madrid, ¿en qué dirección le quedaría el pueblo de Coplasti?

6-¿En qué famoso paseo se le puso rojo un semáforo a Lósimo Armendáriz?

7-¿Cuál era el cariñoso apodo de Tortita Peláez?

8-¿Con qué objetos decoró Claustrofo las paredes de su salón?

9-¿Qué leñador goza de la uña más gorda, larga, fuerte y robusta de la historia conocida?

10-¿Qué taponó fatalmente una arteria de Krostoporpov?

10½-Viendo este post, ¿en qué novela cree que me he

¡Responda a las diez preguntas y media en los comentarios, procurando no copiarse del compañero!
¡Suerte a todos menos a usted!

miércoles, mayo 14, 2008

¡La barba sin cabeza! ¡Ahora con exclamaciones!

¡Hasta el día de su treinta y cinco cumpleaños, la vida de Gapito había sido muy estándar! ¡¡Pero si hubiera que mentar una peculiaridad que diferenciara a Gapito del resto de las personas, sería el hecho de que jamás se había afeitado la barba ni había pensado en ello!! ¡Por este motivo, aún conservaba su primera barba -o barba de leche-, que le llegaba por el lavabo, mientras que su barba de hoy la tenía debajo del labio! ¡La barba de leche de sus tiernos quince años siempre quiso conocer a la barba de hoy! ¡¡¡Así, un día Gapito presentó a ambos extremos de su barba, logrando un fascinante salto espacio-temporal que no trascendió demasiado y que vamos a olvidar de inmediato!!!
¡Entre su más tierna barba, conserbarba también su primera baba, procurando que no se deshidratara con la ayuda de esputos aleatorios y orín -no se alarme, se trata de un oro pequeñito que sólo Gapito sabía encontrar buscando a fondo debajo del sofá, entre pelos de su barba y porquería-, haciendo que su barba ganara el valor de unos cuantos kilates!
¡¡Pero aquella noche en la que decidió podarse la cara y comprobar si todavía estaba allí detrás del frondoso pelaje, Gapito descubrió maravillado que no era así!! ¡¡Al terminar la poda obtuvo como resultado la desaparición total de su rostro y cabeza, pero no de su alegría!! ¡¡¡La felicidad de Gapito aún se hacía notar en cada uno de sus gestos!!! ¡Feliz pero ciego, se acucharó en un rincón esperando a su mujer, pues Gapito solía estar casado los años bisiestos! ¡Tres años más tarde, apareció por la puerta su bella esposa y vio a su imberbe inverbe marido postrado en el suelo! ¡Y digo inverbe porque Gapito dejó de usar verbos, hilvanando sus frases con pronombres y sustantivos! ¡Y digo imberbe porque al carecer de rostro también carecía de vello bello! ¡Y digo vello porque..!
¡Desde aquí -el aseo- pido disculpas por el textus interruptus!
¡¡¡¡Su mujer, emocionada, corrió a besarlo con la mala suerte de que, al no topar con cara alguna, se precipitó al vacío y Gapito sin entender nada fue acusado de asesinato en primer grado y tercer piso!!!!
¡¡Por estos terribles sucesos, a Gapito le condecoraron a morir en la horca y más tarde guillotinado, pero tras el fallo del jurado y el fallo y fracaso de dichas penas, hubo una importante reyerta entre la Iglesia, quien atribuyó esto a un milagro, y la Marvel, quien lo atribuyó a superpoderes!!
¡¡Iglesia y cómic se enfrentan desde entonces en los tribunales, con pleitos de patatas y juicios de muelas en una lucha encarnizada por los milagros de Gapito!!
¡Gapito, mientras, ausente de todos estos problemas, a pesar de continuar sin cabeza goza aún de muy buen juicio! ¡Final! ¡Amén!

miércoles, mayo 07, 2008

La barba sin cabeza

Hasta el día de su treinta y cinco cumpleaños, la vida de Gapito había sido muy estándar. Pero si hubiera que mentar una peculiaridad que diferenciara a Gapito del resto de las personas, sería el hecho de que jamás se había afeitado la barba ni había pensado en ello. Por este motivo, aún conservaba su primera barba -o barba de leche-, que le llegaba por el lavabo, mientras que su barba de hoy la tenía debajo del labio. La barba de leche de sus tiernos quince años siempre quiso conocer a la barba de hoy. Así, un día Gapito presentó a ambos extremos de su barba, logrando un fascinante salto espacio-temporal que no trascendió demasiado y que vamos a olvidar de inmediato.
Entre su más tierna barba, conserbarba también su primera baba, procurando que no se deshidratara con la ayuda de esputos aleatorios y orín -no se alarme, se trata de un oro pequeñito que sólo Gapito sabía encontrar buscando a fondo debajo del sofá, entre pelos de su barba y porquería-, haciendo que su barba ganara el valor de unos cuantos kilates.
Pero aquella noche en la que decidió podarse la cara y comprobar si todavía estaba allí detrás del frondoso pelaje, Gapito descubrió maravillado que no era así. Al terminar la poda obtuvo como resultado la desaparición total de su rostro y cabeza, pero no de su alegría. La felicidad de Gapito aún se hacía notar en cada uno de sus gestos. Feliz pero ciego, se acucharó en un rincón esperando a su mujer, pues Gapito solía estar casado los años bisiestos. Tres años más tarde, apareció por la puerta su bella esposa y vio a su imberbe inverbe marido postrado en el suelo. Y digo inverbe porque Gapito dejó de usar verbos, hilvanando sus frases con pronombres y sustantivos. Y digo imberbe porque al carecer de rostro también carecía de vello bello. Y digo vello porque...
Desde aquí -el aseo- pido disculpas por el textus interruptus.
Su mujer, emocionada, corrió a besarlo con la mala suerte de que, al no topar con cara alguna, se precipitó al vacío y Gapito sin entender nada fue acusado de asesinato en primer grado y tercer piso.
Por estos terribles sucesos, a Gapito le condecoraron a morir en la horca y más tarde guillotinado, pero tras el fallo del jurado y el fallo y fracaso de dichas penas, hubo una importante reyerta entre la Iglesia, quien atribuyó esto a un milagro, y la Marvel, quien lo atribuyó a superpoderes.
Iglesia y cómic se enfrentan desde entonces en los tribunales, con pleitos de patatas y juicios de muelas en una lucha encarnizada por los milagros de Gapito.
Gapito, mientras, ausente de todos estos problemas, a pesar de continuar sin cabeza goza aún de muy buen juicio. Final. Amén.

martes, abril 22, 2008

Carne de su carne

A la edad de catorce años, el gran pequeño Indeleble destacaba, pues ya era imposible de borrar y sobresalía en todas sus actividades diarias.
Al nacer, su madre Saltapuertas ya lo acunaba entre su seno y su coseno, de ahí que saliera tan dotado -¡de inteligencia, oiga!- y le gustara tanto salirse por la tangente.

Según sus vecinas, Indeleble era "la mar de guapo" -con olas y todo-. Pero su hormona del crecimiento era más grande de lo habitual y su ropa, al no serlo, se le quedaba pequeña al poco tiempo.
Una tarde en la que Indeleble se vió crecer un poco más de lo que acostumbraba a crecer cualquier otra tarde de siete a nueve, se asustó y, siempre previsor, echó a correr a casa para escribir su propia esquela por lo que pudiera pasar.
Cuando llegó, se puso a buscar un lapicero para comenzar la redacción, pero su nombre también había crecido y pasó a llamarse Indeleblebable, y es por ello que, cuando terminó, tuvo que empezar otra desde el principio con su nuevo nombre.
Después de años de crecimiento desmesurado y debido a una falta extraordinaria de aprecio, a Indeleblebable comenzaron a sobrarle partes de sí mismo.
Al principio hizo sorteos públicos de sus órganos más preciados, pero al ver el poco interés que la gente mostraba en ellos, los fue regalando. Todos sus amigos tenían en su casa un trozo de "Inde" y, excepto los grandes grandes amigos, ninguno quería acoger más pedazos del gran Indeleblebable.
Sin saber muy bien cómo, una tarde abandonó tres esternones frente una parada de autobús, seguido de diecisiete bazos y dos kilos de lo que él gustaba denominar "carne vulgar" en la entrada de un hipermercado para vegetarianos, provocando airadas protestas por parte de algunos vagos y maleantes que casualmente paseaban por allí, y que no necesariamente han de ser vegetarianos. Y así empezó la etapa en que Indeleblebable comenzó a abandonarse a si mismo.

Pero también comenzó a abonarse, pues son cosas que vienen de la mano y no se pueden prever, y es por ello que a veces algún ciudadano pudo ver en su cuenta bancaria una transferencia por valor de "Indeleblebable". Ésto repugnaba a los integrantes del llamado "populacho" quienes, hartos de encontrarse trozos de nuestro protagonista por la calle y en sus cuentas del banco, decidieron tomar medidas al tema de Indeleblebable y, espantados, obtuvieron una cifra de varios kilómetros y rezaron para que el asunto no se enderezara jamás.
Con los años, la ciudad en la que creció Indeleblebable quedó completamente cubierta de él, y sus vecinos hacían uso de bisturíes para abrirse paso entre la "maleza".
Afortunadamente, la cabeza de Indeleblebable reposa hoy sobre una fábrica de yeso en pleno rendimiento, la cual es capaz de hacer funcionar con tan sólo treinta tímidos movimientos de su lengua.
Cabe destacar que, aparte de su tamaño, Indeleblebable fue un grande feliz como pocos grandes, y un feliz grande como pocos felices.
Descanse en paz, cuando muera. Él bien lo merece.