miércoles, diciembre 23, 2009

¡Dame un brazo, amigo!

Gertrudo se empleó como ARSO (apoyabrazos regulable de silla de oficina) durante treinta años. A pesar de que los brazos ajenos le ocasionaban dolores de espalda , consintió en ejercer hasta el día de su jubilación inclusive, y así fue. Pero en el fatídico día de la jubilación, se dio cuenta de que para sentarse necesitaba un buen apoyabrazos o de lo contrario los dolores acabarían con él. Buscó a alguien que pudiera realizar para él su tan respetable oficio, pero como era soltero nunca tuvo hijos y nadie pudo recoger su legado el día que se le cayó. Paradójicamente, Gertrudo había dejado de trabajar y no pudo apoyarse en sí mismo, muriendo de dolores inenarrables durante doce largos años. Puede parecer un cruel final para el buen Gertrudo, con quien tantas aventuras hemos compartido y al que tanto aprecio hemos cogido, pero la realidad es que Gertrudo era un sádico de alto colibrí, y en realidad él mismo se montó una jubilación como pocos han soñado. ¡Vaya un picaruelo, Don Gertrudo!

2 Comments:

Blogger Alfonso de la Fuente Ruiz dijo...

Hete aquí que se era, que el alto colibrí de don Gertrudo era tan alto, tan alto, que nunca jamás halló apoyabrazos donde pudieran reposar sus grandiosas extremidades superiores, agotadas por el rápido aleteo en busca del preciado néctar. La jubilación de Gertrudo le vino a nuestro amigo colibrí muy bien, con embargo, pues por falta de pago les fueron retiradas todas sus posesiones mobiliarias por unos operarios que redundantemente operaban un camión un mudanzas. Quedando la casa desnuda y sonrojada por dicho hecho, este colobrí de gran calibre pudo al fin recostarse en el poyo de una ventana, con quien trabó una hermosa amistad avícola. Y colorín, colorado era el encarnado tono de las paredes de la casa.
S.S.S.

12/23/2009 5:15 p. m.  
Blogger humo dijo...

¡Don Gava!
Le deseo un Fénix Año Nuevo
Besos

1/01/2010 1:00 p. m.  

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