miércoles, mayo 14, 2008

¡La barba sin cabeza! ¡Ahora con exclamaciones!

¡Hasta el día de su treinta y cinco cumpleaños, la vida de Gapito había sido muy estándar! ¡¡Pero si hubiera que mentar una peculiaridad que diferenciara a Gapito del resto de las personas, sería el hecho de que jamás se había afeitado la barba ni había pensado en ello!! ¡Por este motivo, aún conservaba su primera barba -o barba de leche-, que le llegaba por el lavabo, mientras que su barba de hoy la tenía debajo del labio! ¡La barba de leche de sus tiernos quince años siempre quiso conocer a la barba de hoy! ¡¡¡Así, un día Gapito presentó a ambos extremos de su barba, logrando un fascinante salto espacio-temporal que no trascendió demasiado y que vamos a olvidar de inmediato!!!
¡Entre su más tierna barba, conserbarba también su primera baba, procurando que no se deshidratara con la ayuda de esputos aleatorios y orín -no se alarme, se trata de un oro pequeñito que sólo Gapito sabía encontrar buscando a fondo debajo del sofá, entre pelos de su barba y porquería-, haciendo que su barba ganara el valor de unos cuantos kilates!
¡¡Pero aquella noche en la que decidió podarse la cara y comprobar si todavía estaba allí detrás del frondoso pelaje, Gapito descubrió maravillado que no era así!! ¡¡Al terminar la poda obtuvo como resultado la desaparición total de su rostro y cabeza, pero no de su alegría!! ¡¡¡La felicidad de Gapito aún se hacía notar en cada uno de sus gestos!!! ¡Feliz pero ciego, se acucharó en un rincón esperando a su mujer, pues Gapito solía estar casado los años bisiestos! ¡Tres años más tarde, apareció por la puerta su bella esposa y vio a su imberbe inverbe marido postrado en el suelo! ¡Y digo inverbe porque Gapito dejó de usar verbos, hilvanando sus frases con pronombres y sustantivos! ¡Y digo imberbe porque al carecer de rostro también carecía de vello bello! ¡Y digo vello porque..!
¡Desde aquí -el aseo- pido disculpas por el textus interruptus!
¡¡¡¡Su mujer, emocionada, corrió a besarlo con la mala suerte de que, al no topar con cara alguna, se precipitó al vacío y Gapito sin entender nada fue acusado de asesinato en primer grado y tercer piso!!!!
¡¡Por estos terribles sucesos, a Gapito le condecoraron a morir en la horca y más tarde guillotinado, pero tras el fallo del jurado y el fallo y fracaso de dichas penas, hubo una importante reyerta entre la Iglesia, quien atribuyó esto a un milagro, y la Marvel, quien lo atribuyó a superpoderes!!
¡¡Iglesia y cómic se enfrentan desde entonces en los tribunales, con pleitos de patatas y juicios de muelas en una lucha encarnizada por los milagros de Gapito!!
¡Gapito, mientras, ausente de todos estos problemas, a pesar de continuar sin cabeza goza aún de muy buen juicio! ¡Final! ¡Amén!

miércoles, mayo 07, 2008

La barba sin cabeza

Hasta el día de su treinta y cinco cumpleaños, la vida de Gapito había sido muy estándar. Pero si hubiera que mentar una peculiaridad que diferenciara a Gapito del resto de las personas, sería el hecho de que jamás se había afeitado la barba ni había pensado en ello. Por este motivo, aún conservaba su primera barba -o barba de leche-, que le llegaba por el lavabo, mientras que su barba de hoy la tenía debajo del labio. La barba de leche de sus tiernos quince años siempre quiso conocer a la barba de hoy. Así, un día Gapito presentó a ambos extremos de su barba, logrando un fascinante salto espacio-temporal que no trascendió demasiado y que vamos a olvidar de inmediato.
Entre su más tierna barba, conserbarba también su primera baba, procurando que no se deshidratara con la ayuda de esputos aleatorios y orín -no se alarme, se trata de un oro pequeñito que sólo Gapito sabía encontrar buscando a fondo debajo del sofá, entre pelos de su barba y porquería-, haciendo que su barba ganara el valor de unos cuantos kilates.
Pero aquella noche en la que decidió podarse la cara y comprobar si todavía estaba allí detrás del frondoso pelaje, Gapito descubrió maravillado que no era así. Al terminar la poda obtuvo como resultado la desaparición total de su rostro y cabeza, pero no de su alegría. La felicidad de Gapito aún se hacía notar en cada uno de sus gestos. Feliz pero ciego, se acucharó en un rincón esperando a su mujer, pues Gapito solía estar casado los años bisiestos. Tres años más tarde, apareció por la puerta su bella esposa y vio a su imberbe inverbe marido postrado en el suelo. Y digo inverbe porque Gapito dejó de usar verbos, hilvanando sus frases con pronombres y sustantivos. Y digo imberbe porque al carecer de rostro también carecía de vello bello. Y digo vello porque...
Desde aquí -el aseo- pido disculpas por el textus interruptus.
Su mujer, emocionada, corrió a besarlo con la mala suerte de que, al no topar con cara alguna, se precipitó al vacío y Gapito sin entender nada fue acusado de asesinato en primer grado y tercer piso.
Por estos terribles sucesos, a Gapito le condecoraron a morir en la horca y más tarde guillotinado, pero tras el fallo del jurado y el fallo y fracaso de dichas penas, hubo una importante reyerta entre la Iglesia, quien atribuyó esto a un milagro, y la Marvel, quien lo atribuyó a superpoderes.
Iglesia y cómic se enfrentan desde entonces en los tribunales, con pleitos de patatas y juicios de muelas en una lucha encarnizada por los milagros de Gapito.
Gapito, mientras, ausente de todos estos problemas, a pesar de continuar sin cabeza goza aún de muy buen juicio. Final. Amén.

martes, abril 22, 2008

Carne de su carne

A la edad de catorce años, el gran pequeño Indeleble destacaba, pues ya era imposible de borrar y sobresalía en todas sus actividades diarias.
Al nacer, su madre Saltapuertas ya lo acunaba entre su seno y su coseno, de ahí que saliera tan dotado -¡de inteligencia, oiga!- y le gustara tanto salirse por la tangente.

Según sus vecinas, Indeleble era "la mar de guapo" -con olas y todo-. Pero su hormona del crecimiento era más grande de lo habitual y su ropa, al no serlo, se le quedaba pequeña al poco tiempo.
Una tarde en la que Indeleble se vió crecer un poco más de lo que acostumbraba a crecer cualquier otra tarde de siete a nueve, se asustó y, siempre previsor, echó a correr a casa para escribir su propia esquela por lo que pudiera pasar.
Cuando llegó, se puso a buscar un lapicero para comenzar la redacción, pero su nombre también había crecido y pasó a llamarse Indeleblebable, y es por ello que, cuando terminó, tuvo que empezar otra desde el principio con su nuevo nombre.
Después de años de crecimiento desmesurado y debido a una falta extraordinaria de aprecio, a Indeleblebable comenzaron a sobrarle partes de sí mismo.
Al principio hizo sorteos públicos de sus órganos más preciados, pero al ver el poco interés que la gente mostraba en ellos, los fue regalando. Todos sus amigos tenían en su casa un trozo de "Inde" y, excepto los grandes grandes amigos, ninguno quería acoger más pedazos del gran Indeleblebable.
Sin saber muy bien cómo, una tarde abandonó tres esternones frente una parada de autobús, seguido de diecisiete bazos y dos kilos de lo que él gustaba denominar "carne vulgar" en la entrada de un hipermercado para vegetarianos, provocando airadas protestas por parte de algunos vagos y maleantes que casualmente paseaban por allí, y que no necesariamente han de ser vegetarianos. Y así comenzó la etapa en que Indeleblebable comenzó a abandonarse a si mismo.

Pero también comenzó a abonarse, pues son cosas que vienen de la mano y no se pueden prever, y es por ello que a veces algún ciudadano pudo ver en su cuenta bancaria una transferencia por valor de "Indeleblebable". Ésto repugnaba a los integrantes del llamado "populacho" quienes, hartos de encontrarse trozos de nuestro protagonista por la calle y en sus cuentas del banco, decidieron tomar medidas al tema de Indeleblebable y, espantados, obtuvieron una cifra de varios kilómetros y rezaron para que el asunto no se enderezara jamás.
Con los años, la ciudad en la que creció Indeleblebable quedó completamente cubierta de él, y sus vecinos hacían uso de bisturíes para abrirse paso entre la "maleza".
Afortunadamente, la cabeza de Indeleblebable reposa hoy sobre una fábrica de yeso en pleno rendimiento, la cual es capaz de hacer funcionar con tan sólo treinta tímidos movimientos de su lengua.
Cabe destacar que, aparte de su tamaño, Indeleblebable fue un grande feliz como pocos grandes, y un feliz grande como pocos felices.
Descanse en paz, cuando muera. Él bien lo merece.

lunes, abril 07, 2008

Vida y vía del Buen Petronio (Parte II)

En su 65 cumpleaños, al soplar las velas de su tarta, Petronio se encasquilló, quedándose el resto de sus días soplando sin parar y sin dejar de hacerlo ni un instante.
Los cientificos del país vieron en esto una mina, y lo emplearon para testar alcoholímetros los días de cada día y para extraerle el carbón los fines de semana, de siete a cinco. Tras perderse en una de sus propias galerías, se perdió también en lontananza, y desde allí escribe a sus queridos. En la última carta que recibí de él, no deja de alabar, entre silbidos, la comida de Lontananza, exquisita y muy sabrosa por su sabor, entre otras cosas.

lunes, marzo 31, 2008

Vida y vía del Buen Petronio (Parte I)

El Buen Petronio se despertó un día con la decisión de ir a trabajar con su automóvil por la vía del tren, evitando atascos innnecesarios, de esos de tres enes. De esta forma, convertía los atascos innecesarios, en impronunciables. Así pues, se bajó de sus pies, se montó en su coche y lo hizo. Se desplazó con por el raíl durante treinta y seis años, hasta el día de su jubilación. Nunca tuvo ningún problema, nadie le vió y jamás se supo.

martes, marzo 18, 2008

El bonito idilio de Velasco y su rata Delasco

Velasco, desde su más tierna vejez, tenía la costumbre de quedarse un rato en el mundo de los que cuelgan segundo. Cuando se despedía de alguien por teléfono, esperaba a oír la señal de "comunicando" para darse un paseo en la soledad del que cuelga el último. A veces, el garbeo era tan largo que le acompañaba su distinguido perro Emmanuello, y aprovechaba para realizar sus necesidades más secundarias, como leer el periódico en zapatillas o fumar en shisha.
Por aquellos lares, Velasco encontró cientos de pitidos y de silencios de negra, además de algunos "oigas" de gente desesperada preguntando si se había cortado o le habían colgado. También se topó con tarados que conversaban como si tal cosa con el propio vacío, y con las famosas Ratas Roedoras de Cables de Cobre Engordadas a Base de Poliuretanos Decantados (RRCCEBPD). Éstos poliuretanos se decantaban más bien por la extrema derecha, aunque juraban por su abuela que eran de centro. Velasco entabló cierta amistad con una de esas Ratas, llamada Delasco, y para evitar colgar segundo comenzó una bonita relación por carta que ya dura seis meses. En la tercera carta llegaron a besarse, y el Día de los Enamorados, Velasco le regaló un bebé parido por él mismo y un bonito collar de ámbar de semáforo. La Rata caníbal se lo ventiló en un decir "¡Jesús!" y, emocionada por el detalle, le propuso el matrimonio. Pese a ser muy soltero, Velasco aceptó la propuesta y se casó con una morena escultural de Móstoles.
Antes de contar el final de esta bonita historia de amor, me gustaría animar a toda la gente que no la está leyendo, a que lo haga. Gracias.

jueves, marzo 06, 2008

¡Sangre! ¡Violencia! ¡Tripas! ¡Amor!

Manteca de Esparta se casó con su afamado amado lanzador de cuchillos. Peste a tal oficio, Arcipeste era tan buena persona que se le podía perdonar alguna puñaladita de nada. Así comenzaron, pero con el tiempo se le escapaban varias al día, y Manteca decidió empezar a devolvérselas. De éste modo se divertían y crecía su afecto. El diez del agosto que viene tuvieron un arrebato de amor puñalístico, y pusieron el piso perdido.
En cambio, Aurelola, soltera desde que se inventó, treinta y siete años, tres hijos, dos periquitos y una dentadura, estaba acostumbrada a sortear estos problemas, ya que se casó en la mañana del miércoles con un carnicero torpe que se llevaba el trabajo a casa. Aurelola sorteaba tan bien sus problemas que siempre les tocaban a otros.
Si algún día van a casa de Aurelola, sigan sus conejos y cómprenme dos higadillos y medio pollo, pues hoy viene un carnero macrófago cabreado a cenar y necesito contentarlo (si quiero que mi nieto siga trabajando).

martes, febrero 26, 2008

¡Populachos a mí!

Sotobanco de Tres, harto de mandar a la gente a la mierda y ver que no le obedecía, decidió mandar a la mierda a la gente. Así, ni corto ni perezoso, subió a la azotea con un cubo de excrementos que recogió durante toda la semana, y lo catapultó al populacho.

lunes, febrero 18, 2008

Gurrumino el negro

Docentina era carnicera de día, y enterradora de noche. Pero Doncentina no se sentía ni una cosa ni la otra; en realidad, era una maestra frustrada.
Su padre, en su buen obrar, levantó un tabique. Después, tuvo la genial idea de comprarle a Fibrulio -el taxidermista- una veintena de niños disecados para que su hija Docentina pudiera ejercer la docencia en secreto y en sus ratos libres.
Allí, en el garaje, la clase entera observaba atentamente desde el más allá las explicaciones de Docentina, sin formar algarabía. De este peculiar modo se sentía realizada, y castigaba sólo a los niños que según ella se quedaban mirando a las musarañas.
Todas las mañanas, tras recobrar la compostura, pasaba lista respondiéndose a si misma, ya que a sus alumnos "parecía que se les había comido la lengua el gato": Saeto ¡Presente! Mejunje ¡Presente! Panfleto ¡Presente! Escrupulario ¡Presente! Inyecto ¡Presente! Gurrumino ¡Presente! Gorjoterilia ¡Presente! Harmiliano ¡Presente! Lingotero ¡Presente! Sotomonte ¡Presente! Jeremías ¡Presente! Filipepo ¡Presente! Urticario ¡Presente! Eboleriana ¡Presente! Esputero ¡Presente! Cenicera ¡Presente! Envoltorio ¡Presente! Esperpencio ¡Presente! José Antonio ¡Presente! Presente ¡Presente!
Para romper la monotonía, Docentina se tiraba tizas en la nuca y se giraba rápidamente, tratando de averiguar quién de sus veinte alumnos había sido. Como ninguno de ellos confesaba, les imponía un castigo esférico colectivo apilándolos en menudillos, mientras ella se sacaba al aire sus grandes cátedras y se las fustigaba en cuatro por cuatro con una regla, produciendo en la síncopa extraordinarios gritos de alcanfor. Los vecinos oían sus berridos pero no se asustaban, pues sabían de las turbias perversiones de Docentina, y cada maestrillo tiene su librillo.
Cuando llegaba la hora del recreo, los niños aprovechaban para descansar, y no salían al patio a dar guerra como hacen los niños vivos.
Pero en junio, Docentina se cansó de la dura vida de maestro. Anunció que su clase se había estancado, pues nadie había pasado de curso, y decidió enterrar a todos sus alumnos, como cualquier buen profesor haría con sus amados repetidores.
Aunque a decir verdad, no enterró a todos; guardó como recuerdo a Gurrumino, quien todavía hoy posa simpáticamente sobre la televisión del dormitorio, esbozando una sonrisa y con una tiza en la mano.
Otoños después, una tarde de un año, Docentina pensó en unirse al gris destino de sus alumnos y, mediante un complejo proceso diseñado por ella misma y que ni la ciencia actual ni usted podrían comprender, comenzó a taxidermizarse de los pies a la cabeza, y así se quedó, rellena de paja y más inmóvil que un febrero.
Vivió disecada cinco semanas y tres días sin entender nada, y luego murió.

sábado, febrero 09, 2008

Viaje infinito

Cacerolo era, hasta el día de ayer, un licenciado en Misoginia por la Universidad Imaginaria de Corcos del Valle (UICV). Además de misógino, Cacerolo era coleccionista de verrugas en sus ratos libres, llegando a tener hasta doscientos treinta y cuatro millones de verrugas en su rato libre derecho, algunas incluso con nombre de pila. Su favorita era Panasonic, aunque no despreciaba a las marcas blancas. No como usted, ¡Bruja consumista! Pero siga leyendo. En un viaje rutinario de su ajetreada vida, Cacerolo y sus verrugas divisaron una ridícula estrella que iba por delante de ellos durante todo el camino. Pisó a fondo el acelerador y, como los segundos en la vida de Cacerolo pasaban más rápido de lo normal, logró cogerla. La sentó en el asiento del copiloto y puso música circense para amenizar el encuentro. Pronto, vio cómo sus años de carrera no habían servido de mucho y que en realidad había estudiado para ser un auténtico Ignorante (marca registrada, no acepte imitaciones).
La relación entre Cacerolo y su estrella creció, como su vecina tras cenar. Juntos, decidieron hacer su viaje infinito, y así continuaron durante años, queriéndose como sólo los entes de la Constelación 45-B, 4º, 8 saben hacerlo, es decir, juntando sus gónadas en un terrario los domingos. A tan sólo tres kilómetros de infinito, su abnegada estrella le susurró al oído: "Cacerolo, no cambies nunca", y efectivamente, Cacerolo no cambió y se estrelló contra un muro en tercera, perdiendo un colirio, dos ágapes y la vida en el mismo momento.
Estrella voló de nuevo lejos a su cielo, y allí vive apenada por tan patética pérdida, mientras que la Universidad Imaginaria de Corcos del Valle (UICV) eliminó la carrera de licenciado en Misoginia por dañar ésta el firmamento.

lunes, febrero 04, 2008

¡Que se mueran los feos!

El pobre Anatolio nació con la cara caducada. Era un absoluto frotaseco. Pese a sus curiosas deformidades, no pudo evitar que los sabios inventasen una nueva palabra que le definiera. "Frotaseco" cayó en desuso, y la gente comenzó a utilizar "feo" para denominar a semejantes especímenes.
El cinco de febrero, fecha del nacimiento de Anatolio, se consilodó en su honor el "Día del Feo Trabajador". Ese día, todos los feos del planeta salían a la Calle Sin Vergüenza -número diecisiete-, donde se encontraba la cafetería "El Rubor". Hasta su llegada allí, caminaban avergonzados y sin levantar mucho la mirada, por miedo a ser escrutados por la gente bella. Una vez dentro, nadie podía imaginarse lo que pasaba en "El Rubor"; había feos depresivos, feos sumisos y sometidos, feos apáticos y sin vivencias, feos traumáticos, feos traumatizados, feos meticones y hasta feos lectores.
Pero Anatolio no era así; Anatolio era una persona positiva. Prueba de ello eran sus infinitos diplomas, que le acreditaban como ganador de todos los concursos de perdedores a los que se había presentado, y que él lucía con orgullo. Era un perdedor en toda regla, el mejor. Esto era sabido dentro de "El Rubor", y con el tiempo, Anatolio fue elegido y eregido presidente de todos los feos.

Anatolio y su talante supieron poner a los feos en el sitio que les correspondía. Poco a poco vencían sus miedos, y salían a la calle otros días además del cinco de febrero. El planeta se pobló de feos, y la gente bella empezó a ser marginada. Éstos hacían dietas de sobrepeso para coger kilos, y acudían a cirujanos para deformarse como el que más.
Empezó a haber matrimonios feos, que a su vez tuvieron hijos extraordinariamente feos, y como consecuencia de ello Anatolio logró, por fin, que los guapos se extinguieran prácticamente en su totalidad.
Feliz por haber cumplido su objetivo, decidió cumplir un año más y afearse un poco con arrugas nuevas. Trágicamente, este año de más acabó con su vida, pues Anatolio, de feo que era, estaba ya muy prieto y al crecer, su pómulo derecho topó con su nariz, propulsando ésta contra el suelo y haciéndole morir por axfisia, un tipo de asfixia muy rara con algunas consonantes intercambiadas
.
Desde entonces, todos los cinco de febrero, se rinde homenaje a Anatolio asesinando a un guapo en la plaza pública.
Abríguense, que falta poco.

miércoles, enero 30, 2008

Humildad

En esta época de despilfarro, les contaré la triste historia de Hamburgo Rodín:
En lugar de ahorrar para vivir, Hamburgo malgastó toda su fortuna en comer y dormir bajo techo, pagar recibos y contribuir a Hacienda. A pesar de semejante derroche, tampoco le había gustado nunca el despilfarro y la ostentación.
Por eso, el día de su propio cumpleaños se compró unas zapatillas de andar por casa, y efectivamente, con ellas anduvo.

miércoles, enero 23, 2008

José Bonaparte

Don Arrugo de su Estampa padecía síndrome de Diógenes desde que tenía uso de razón. Todo esto le permitió, a la edad de noventa y seis años, dar un giro radical a su vida y convertirse en anticuario. Arrugo vendía latas de atún del siglo diecinueve, y sellos de José Bonaparte. Buena parte de lo que ganaba lo reinvertía en cosas nuevas, esperando dentro de cien años revenderlas como antiguallas.
Pero el día de su noventa y ocho cumpleaños le regalaron una bonita A, y aunque ya tenía dos, decidió ponérsela en medio y ejercer por fin de antiacuario. Desde entonces, se dedicó a destruir a pedradas diversos parques acuáticos cada noche, cobrando un sueldo medio. Murió muy joven debido a su avanzada edad.

martes, enero 15, 2008

"Mi vida es estática"

Eso decía a sus amistades un joven Encrespado Melónez.
Pero, cuando acudió al médico -el Colegiado Ciclomotor, de profesión adicto a los diagnósticos y a quien le habían diagnosticado adicción-, el diagnóstico no se hizo esperar: "Usted practica una vida muy sedimentaria, caballero".
Y al poco tiempo, los síntomas: amaneció sin pelo en la cabeza. Pensó que había perdido el pelo, pero lo encontró en la planta de los pies. Los órganos más pesados se fueron acumulando en su esófago, vejiga y piernas. Hasta que, un día, la fatalidad llamó a su puerta. Encrespado se preparó para abrir, pero el corazón le bajó hasta el pie y, al ir a levantarse, se lo pisó y murió en un suicidio involuntario.
El diagnóstico fue tremendo: "suicidio involuntario".

miércoles, enero 09, 2008

Abatido

Endermegio Rata Lerélez, cuarentón de cincuenta y pocos y de profesión asesino, solía coger hermosas depresiones cada vez que ejercía de pistolero. La policía y el psicólogo se lo rifaban a suertes, y fue así como se le diagnosticó "abatimiento" el día que fue abatido tras disparar a un señor y medio y atiborrarse en un bufete de Louisiana, pues cuando Endermegio se sentía abatido, le daba por comer a Bogados en bufetes. Bogados, por su parte, comió a Salariado. Salariado, en su buen hacer, comió a Sustado. Sustado, para sorpresa de todos, comió a Legre, y así se formó un círculo vicioso de comidas y gorrimas. Todos fueron felices y se comieron los unos a los otros, y la humanidad desapareció, víctima del canibalismo ¡Quién lo iba a decir! ¿Acaso usted, señora?