¡La barba sin cabeza! ¡Ahora con exclamaciones!
¡Entre su más tierna barba, conserbarba también su primera baba, procurando que no se deshidratara con la ayuda de esputos aleatorios y orín -no se alarme, se trata de un oro pequeñito que sólo Gapito sabía encontrar buscando a fondo debajo del sofá, entre pelos de su barba y porquería-, haciendo que su barba ganara el valor de unos cuantos kilates!
¡¡Pero aquella noche en la que decidió podarse la cara y comprobar si todavía estaba allí detrás del frondoso pelaje, Gapito descubrió maravillado que no era así!! ¡¡Al terminar la poda obtuvo como resultado la desaparición total de su rostro y cabeza, pero no de su alegría!! ¡¡¡La felicidad de Gapito aún se hacía notar en cada uno de sus gestos!!! ¡Feliz pero ciego, se acucharó en un rincón esperando a su mujer, pues Gapito solía estar casado los años bisiestos! ¡Tres años más tarde, apareció por la puerta su bella esposa y vio a su imberbe inverbe marido postrado en el suelo! ¡Y digo inverbe porque Gapito dejó de usar verbos, hilvanando sus frases con pronombres y sustantivos! ¡Y digo imberbe porque al carecer de rostro también carecía de vello bello! ¡Y digo vello porque..!
¡¡Iglesia y cómic se enfrentan desde entonces en los tribunales, con pleitos de patatas y juicios de muelas en una lucha encarnizada por los milagros de Gapito!!
¡Gapito, mientras, ausente de todos estos problemas, a pesar de continuar sin cabeza goza aún de muy buen juicio! ¡Final! ¡Amén!





