lunes, febrero 18, 2008

Gurrumino el negro

Docentina era carnicera de día, y enterradora de noche. Pero Doncentina no se sentía ni una cosa ni la otra; en realidad, era una maestra frustrada.
Su padre, en su buen obrar, levantó un tabique. Después, tuvo la genial idea de comprarle a Fibrulio -el taxidermista- una veintena de niños disecados para que su hija Docentina pudiera ejercer la docencia en secreto y en sus ratos libres.
Allí, en el garaje, la clase entera observaba atentamente desde el más allá las explicaciones de Docentina, sin formar algarabía. De este peculiar modo se sentía realizada, y castigaba sólo a los niños que según ella se quedaban mirando a las musarañas.
Todas las mañanas, tras recobrar la compostura, pasaba lista respondiéndose a si misma, ya que a sus alumnos "parecía que se les había comido la lengua el gato": Saeto ¡Presente! Mejunje ¡Presente! Panfleto ¡Presente! Escrupulario ¡Presente! Inyecto ¡Presente! Gurrumino ¡Presente! Gorjoterilia ¡Presente! Harmiliano ¡Presente! Lingotero ¡Presente! Sotomonte ¡Presente! Jeremías ¡Presente! Filipepo ¡Presente! Urticario ¡Presente! Eboleriana ¡Presente! Esputero ¡Presente! Cenicera ¡Presente! Envoltorio ¡Presente! Esperpencio ¡Presente! José Antonio ¡Presente! Presente ¡Presente!
Para romper la monotonía, Docentina se tiraba tizas en la nuca y se giraba rápidamente, tratando de averiguar quién de sus veinte alumnos había sido. Como ninguno de ellos confesaba, les imponía un castigo esférico colectivo apilándolos en menudillos, mientras ella se sacaba al aire sus grandes cátedras y se las fustigaba en cuatro por cuatro con una regla, produciendo en la síncopa extraordinarios gritos de alcanfor. Los vecinos oían sus berridos pero no se asustaban, pues sabían de las turbias perversiones de Docentina, y cada maestrillo tiene su librillo.
Cuando llegaba la hora del recreo, los niños aprovechaban para descansar, y no salían al patio a dar guerra como hacen los niños vivos.
Pero en junio, Docentina se cansó de la dura vida de maestro. Anunció que su clase se había estancado, pues nadie había pasado de curso, y decidió enterrar a todos sus alumnos, como cualquier buen profesor haría con sus amados repetidores.
Aunque a decir verdad, no enterró a todos; guardó como recuerdo a Gurrumino, quien todavía hoy posa simpáticamente sobre la televisión del dormitorio, esbozando una sonrisa y con una tiza en la mano.
Otoños después, una tarde de un año, Docentina pensó en unirse al gris destino de sus alumnos y, mediante un complejo proceso diseñado por ella misma y que ni la ciencia actual ni usted podrían comprender, comenzó a taxidermizarse de los pies a la cabeza, y así se quedó, rellena de paja y más inmóvil que un febrero.
Vivió disecada cinco semanas y tres días sin entender nada, y luego murió.

12 Comments:

Anonymous javi brasil dijo...

Señor Gavanido: Es usté un guarro y un degenerado. Le admiro por ello y por sus paseos dominicales.

Suyo siempre,
Javi Brasil

2/19/2008 7:20 a. m.  
Anonymous liuva dijo...

A no ser que Gurrumino fuera un funambulista, dato que usted nos oculta, difícilmente podría posar sobre la televisión del dormitorio de plasma.

2/19/2008 10:35 a. m.  
Blogger Daniel dijo...

Como entiendo a Docentina!!! Si señor!! Ya lo decian mi biznieto aquella tarde de Juliembre que se acostó para desayunar pingües tostadas untadas en atafasias varias, y mirandose en derredor a si mismo conjuró: "Gurrumino bueno el Gurrumino muerto", y añadió: "y disecado".
Me suscribiria a liuva si fuera una publicacion semanal, por su disertacion al menos plasmatica, que diria vd, si tuviera perro que pasear los jueves.
Querido Gavanido, vd verá que usa lentes.

2/19/2008 10:54 a. m.  
Anonymous Anónimo dijo...

Gachupinos hay (que haberlos, haylos) que se tiran toda su vida disecados, y ya ve "usté"

felizahora

2/19/2008 2:57 p. m.  
Anonymous fonta el paranoico dijo...

Seguro que estos mortuorios alumnos aprendieron la lección y no me estraña (ni me estriñe) que Gurrumino siga esbozando una sonrisa, pues como decía su tío-abuelo segundo, el insigne Don Mingurrino, "la letra con sangre entra", aunque coincidira conmigo en que la historia no es muy sangrienta.
Por cierto: Señor ilustrador, le admiro hasta la saciedad.

2/19/2008 6:20 p. m.  
Blogger humo dijo...

Ay.
Debería hacer usted una lista con sus personajes y presentarse a las elecciones: son la imagen viva de este país, y el personal entenderíamos mejor sus vidas que los discursos de los políticos del PP y del PSOE.

2/20/2008 9:17 p. m.  
Blogger coco dijo...

Me pregunto porqué guardó de recuerdo a Gurrumino el negro y lo colocó sobre el televisor. ¿Lo usaba de antena parabólica?

Pesos y atrasos.

2/20/2008 11:44 p. m.  
Anonymous Mbel dijo...

Genial, ¡me encanta el blog magacine que te has montado! Y esta entradita de Docentina me recuerda una amiga de una amiga, profesora de filosofía, cuya frustración suprema es no poder vestir traje de cuero gótico, fusta y tacones sadomaso para ir al trabajo.

Un cordial saludo

2/24/2008 3:49 a. m.  
Anonymous noedroca dijo...

Señor Gavanido, no puedo por menos que emocionarme cuando leo esta historia. A veces daría lo que fuera por tener alumnos como los de Docentina...
Ay, ¡qué dura la vida del maestro!Y que luego digan que no. Pero enterrar a todos los alumnos en junio es una tarea durísima: el hoyo tiene que ser enorme para que quepan junc-tos todos .
Me anexiono al insaciable Fonta en su admiración, señor ilustrador.
Tizas, reglas, compases y lapiCEROS para todos

2/24/2008 3:05 p. m.  
OpenID sohno dijo...

He llegado aqui siguiendo el blog del amigo de un amigo.
Y me he leído seis entradas de sopetón.
Quisiera decir algo ocurrente, pero seguro que debe estar fastidiado de esas citas zumbonas, así que solo le digo que sigo leyendo por aqui.
Un saludo

2/27/2008 1:59 a. m.  
Blogger Rayo dijo...

más inmovil que un febrero...

3/06/2008 11:35 a. m.  
Anonymous Anónimo dijo...

definitivamente esta pasa a ser una de mis historias preferidas, nunca dejas de sorprederme.

flordeluna

3/13/2008 7:29 p. m.  

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